Post Gravedad - Polo Geraldo

Gravedad

“El problema de tener alas no es el vértigo, es la sombra que proyectan sobre quienes decidieron quedarse en tierra.”

Los que se quieren quedar en tierra te dicen que es por tu bien, que el cielo es demasiado inestable, que la gravedad es la única garantía que existe, tratan de evitar que te vayas a romper la cabeza, y los entiendo. Pero el miedo tiene esa forma tan retorcida de disfrazarse de buen consejo, de acción desinteresada, de genuina preocupación. 

Los cambios aterran a muchos, otros salimos a buscarlos, nos encanta la sensación de lo nuevo, ese vértigo que nos hace sentir libres cuando volamos. A veces esto se toma como un desafío al ser, a lo que se supone que debes ser, a lo que esperan que hagas, por siempre, sin siquiera pensar si es que hay algo más en la vida. 

«Concéntrate en lo seguro», repiten, mientras te atan piedras a los tobillos. No es que odien verte volar; es que la sola idea de tu vuelo les aterra, porque significa que el mundo que conocen está cambiando. 

El amor, o lo que va quedando de él, se convierte entonces en un cerco eléctrico. Te exigen que sigas la rutina, que mantengas la maquinaria funcionando, que seas el pilar inamovible que sostiene el techo. Porque un pilar no puede caminar hacia la puerta. El precio de ser la seguridad de otros es, muchas veces, la propia libertad. Y al final, el miedo al cambio ajeno no es más que el terror a quedarse atrás, con las manos vacías, viendo cómo el otro se eleva.

Los sabios modernos dicen, sigue tu corazón, busca tu pasión, solo te tienes a ti. Pero es difícil remar cuando la vida misma parece decirte un NO rotundo. Y ahí está el desafío del juicio. A veces seguir el sueño, es tan válido como soltar la esperanza. A veces la gravedad gana, y quienes te advirtieron, te curan las heridas mientras sonríen de satisfacción.

Polo Geraldo

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